sábado, 14 de febrero de 2009

MUJERES GOBERNANTES

Malinalxochtl, que fue abandonada mientras el resto de su tribu emigraba y con sus partidarios fundó el pueblo de Malinalco.

Quilaztli, que estuvo a punto de ser matada por dos varones de su tribu, a los que desafió e hizo huir.

Mixcoatl capitaneó a los Chichimecas que invadieron el Valle de Anáhuac en el siglo X.

Tlacoxhuatzin de Texcoco última mujer reinante en 1519 cuando Hernán Cortés invadió México. En 1524 fue cristianizada y bautizada con el nombre de María.

Tlacayehuatzin de Texcoco que compartió con su esposo Netzahualpilli las funciones políticas y mostró gran inteligencia y sabiduría.

Tlozcuentzin que gobernó alrededor de 1286 junto a su esposo Tlacatecuhtli, Madre de Ixtlixochitl.

Xiuatlaltzin que reinó junto a su esposo Mitl, fue la primera gobernante Tolteca y emprendió todas las obras importantes que dieron esplendor al reino.

La azteca- zapoteca Pelxillay / Coxolichtzin que compartió el poder con el azteca Cociyoez. Atotoztli fue una “princesa” tolteca, madre del primer gobernante azteca, antepasada que aseguraba su legitimidad. Lo que implicaba que los aztecas aunque pertenecían a una sociedad patrilineal, heredaban en principio sus funciones matrilinealmente.

Xiuhtlacuilolxochiltzin de los nahoas, Señora de las Tierras mexicas de Cuauhtlan. Al morir Huactli fue elegida soberana por sus virtudes, gobernó en el siglo VII diez años hasta su muerte en el año 823.

Entre los zapotecas existieron mujeres gobernantes. A raíz de una guerra con los aztecas se firmó la paz con el casamiento de la gobernante zapoteca Pelxillay / Coxolichtzin con el azteca Cociyoez. Y herederas de la anterior situación, actualmente las mujeres zapotecas (según el Documental de TVE-1 de CARMEN SARMIENTO, (1994): Las mujeres en Latinoamérica. Documental emitido en TVE-1) son unas "hembras poderosas" que muestran gran independencia en sus costumbres: dominan el comercio, son protagonistas de luchas con los gobernantes. Defienden el poder actuar según su voluntad y no dejarse gobernar por varones extraños. Los hijos no llevan siempre el apellido del esposo, costumbre en consonancia con un anterior estado de derecho materno y con la descendencia matrilineal.

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